Llegamos a Guareña sobre las seis de la tarde.
Al día siguiente Jueves Santo, no hicimos gran cosa. Estuvimos con mi abuela viendo sus culebrones favoritos. Harta de la pomposidad que los caracteriza, me fui al doblao a arreglar la bicicleta.
Por la tarde noche, nos fuimos a ver a una parte de la tropa de primos que tengo repartidos por el pueblo. Con ellos, vimos los pasos de Semana Santa.
Qué emoción ver como les tocaban el himno de España a las imágenes cuando salían de la iglesia. Y sobretodo si hacía un millón de años que no íbamos por esas fechas.

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