20 enero 2008

Vaya jaula de grillos

En el trabajo, tengo unos compañeros que más de uno dirían que están grillados.

Cada uno es peculiar a su manera, y con ello me hacen pasar un día de trabajo más ameno.

Somos 10 en la oficina, 3 mujeres (contando a una servidora) y 7 hombres.

Sabina y Margarita, dos mujeres separadas de unos 40 años, tienen aún en el cuerpo la marcha de unas treintañeras. Siempre estan riéndose, marujeando de todo un poco y batalleando con el jefe obra llamado Esteban.

Este tipo, el mandamás de la oficina y 2º a bordo de la empresa (en los despachos de la delegación de Castellón), es como un niño travieso con ganas de chinchar al personal. Sobretodo a las mujeres de la oficina. Por suerte a mi no me ha dicho nada malo. Me encanta ese hombre, tiene las ideas claras y te dice lo bueno como lo malo, es sólo pillarle el truco. No es mala persona, pero a veces no sabe comportarse.

Luego está Basilio, el que se encarga de las averías. Un tipo bonachón y sin malicia ninguna. Pero con una mala leche que se le oye en toda la Nave.

A voces le hace competencia Adolfo, un hombre que se debe encargar de los contratos y permisos. Es una persona tranquila y con un teléfono móvil que no para de sonar toda la mañana.

Creo que estos tres, cuando hablan a la vez, se arma la de San Quintín. No se oye ni al tato. Si quieres hablar con alguien: te esperas a que se callen al menos dos o te sales de la oficina.

Tenemos a Jose, el chico para todo. En principio es como un administrador de recursos, pero cada dia que lo veo me recuerda más a un informático. Encima con esa vocecilla de mujer que tiene, me resulta a día de hoy, parecida a la de Torrente.

Luego están los muditos, Cesar y Miguel Angel. Allí sentados en el fondo del despacho. No dicen ni mu ni se atreverían a decirtelo. Son tan discretos, que a veces pienso que son almas herrantes. Sabes que están allí pero no te das cuenta en qué momento han entrado (he llegado a pensar que no entran por la puerta sino por la ventana).

Y por último, están Juan y Justo. El primero pararece sacado de la película de "De pelo en pecho". Tiene una barba poblada y unas greñas peinadas al azar, que le cubre casi todo el rostro, resaltándole esa mirada verde parda.

Y Justo, es todo lo contrario a Juan, calvito, gordito y bonachón. Es el encargado de las canalizaciones.

Me quedaría comentar al Delegado, el super de la oficina. La única objeción que hacer es que siempre lleva el mismo jersey. De momento lleva una semana, aunque algunas fuentes del despacho aseguran que desde Año Nuevo.

En fin, que voy a acabar como un grillo más en esa jaula llamada Teleco.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Parece que te lo pasas bien allí, me alegro por tí, mucha suerte y a demostrarles lo que vales. Cuidate. Javito

MRH dijo...

jajaja....si la vida es en si una jaula de grillos..asi q ves sacando las antenillas q hay q adaptarse al entorno,jajaja

MeiAlbiol dijo...

Ei! Tia que bien, no? No estarás aburrida para nada! Me alegro que tengas buen rollo y que tus compis sean tan peculiares.

Pero... en esta vida quién no es un grillo alguna vez?? :P

Un beso guapa!